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Este texto está bajo licencia CC-BY-NC-SAEdit

C : Comisario

A : Andrés (humano)

V : Anatoli (vampiro)

L : Francisco (licántropo)


ComisaríaEdit

C : Así que según usted le han atracado.

A : Lo han intentado.

C : Bueno, vale. Salvo que no encontramos a los atracadores por ningún sitio.

A : No me extraña.

C : ¿Está diciendo que no somos capaces de encontrarles?

A : No. Estoy diciendo que aún deben estar corriendo. Si no han llegado a Australia les debe faltar poco.

C : ¿Y me puede explicar como está tan seguro de que han salido corriendo? Sobretodo teniendo en cuenta que hemos encontrado lo que parece ser el brazo de uno de sus presuntos asaltantes.

A : Si quiere... personalmente no tengo nada que hacer esta noche. Así que se lo puedo explicar también a usted. Total, sólo será la cuarta vez que lo hago.

C : Empiece. Y no se olvide ningún detalle.

A : Hará un par de días estaba volviendo de una entrevista de trabajo. Bastante tarde, por cierto, no se porque me toca siempre ir a última hora. Como si quisieran despacharme rápido, ...

C : Haga el favor de ceñirse a los hechos.

A : Sí, disculpe. Bueno, la cuestión es que pasé cerca de un cajero, así que miré cuanto tenía en la cuenta. No mucho, la verdad. No saque nada, pero se ve que esos tipos debieron pensar que sí había sacado. Se me acercó uno de frente, por el borde de la acera. Otro vino por detrás mio, supongo que para pillarme si daba media vuelta. El primero me empujó contra la pared y me puso una navaja, creo, en el cuello mientras me decía que le diera todo lo que había sacado. Se puede imaginar como estaba. Sin nada encima y con un cuchillo en el cuello...

C : ¿No era una navaja?

A : La verdad es que no estoy seguro. Había poca luz y, no sé usted, pero yo no tengo ojos en el cuello.

C : Continúe.

A : La verdad es que estaba realmente asustado... o eso creía en ese momento, cuando él apareció. Vi un tipo normal, alto, algo corpulento, pero para nada especialmente grande. Les dijo que me dejaran en paz. Y la verdad es que si llegan a saber lo que yo sé ahora le hubieran hecho caso, pero ninguno de los que estábamos ahí sabíamos qué era.

C : ¿Puede describir a esa persona?

A : Tenía... bueno, tiene el pelo oscuro, casi negro. Los ojos claros, aunque no sabría decirle si azules, verdes o grises. No estaba tan cerca. El color de la piel... eso sí que es curioso...

C : ¿Qué tiene de especial su piel?

A: Pues que cambió de tono según iba hablando. Comenzó siendo un tono claro, casi blanco, pero luego fue oscureciéndose.

C : ¿Me está diciendo que un camaleón le salvó de un atraco?

A : Un camaleón no, un lobo. O mejor dicho un hombre-lobo

C : ¡Sí, ya!. Y le acompañaba el Conde Drácula ¿no?

A : No estoy bromeando. Usted me ha pedido que le cuente lo que pasó y eso estoy haciendo. Si no me va a creer no hace falta que siga, ¿no cree?

C : Si le creo o no no es su problema. Continúe.

A : De acuerdo. Todo sucedió muy rápido. No es como en las películas, que tardan un rato y ves como van cambiando. Para nada. Fue como si hubiera llevado una capa y se la hubiera quitado. No espero que me crea, pero delante mío estaba un hombre-lobo de más de dos metros de alto. Creo que si me llegan a buscar sangre en ese momento no me la encuentran. Los atracadores se quedaron helados. Y quizás fue eso lo que les salvó. Bueno, al menos a uno. El otro, el de la navaja...

C : ¿Ahora vuelve a ser una navaja?

A : ¿Piensa dejarme terminar o discutimos si era un pincho de cocina?

C : Siga con su historia.

A : Gracias. Como le decía, el que llevaba la navaja reaccionó y trató de pincharle. El hombre-lobo le esquivó como si nada, como si el atracador estuviera metido en barro hasta el cuello y le costara moverse... Ahora que lo pienso, supongo que en realidad no le costaba, debe ser que lo recuerdo a cámara lenta, cómo mis recuerdos de cuando me la pegué con la moto. Pero aún así, el hombre-lobo parecía ir a cámara rápida. Era increíble. Le dio un mordisco en el brazo y se lo arrancó por el codo.

C : Así que el brazo que encontramos es de un tío al que le mordió un hombre-lobo... ¿De verdad espera que me lo crea?

A : Compruebe las marcas del mordisco.

C : En eso esta el laboratorio.

A : Yo le haría un análisis de sangre... si se puede, claro. Ya sabe lo que dicen en las películas.

C : Sí, eso, le miraremos si tiene bien el azúcar...

A : ¿Va a seguir con los sarcasmos?

C : Usted continúe y no me diga lo que tengo o no tengo que decir.

A : Le recuerdo que no he pedido ver a ningún abogado, que me he presentado voluntariamente para explicarles lo que ha pasado y que no tienen, ni pueden tener porque no hay, ninguna prueba que me apunte como autor de la amputación de ese brazo. A menos que pueda demostrar que mi boca es capaz de partir un brazo humano de un bocado, claro.

C : Tiene razón, le pido disculpas por los sarcasmos... y ahora siga.

A : Poco más tengo que decir. Después de arrancarle el brazo se encaró al otro atracador y este tuvo algo más de sentido común. Salió corriendo.

C : ¿Qué le pasó al del brazo amputado?

A : Se levantó como pudo y también salió corriendo. Supongo que iría a alguna clínica. O eso o ya pueden buscar un muerto desangrado.

C : ¿Tiene algo más que añadir?

A : No, salvo que aún no entiendo por qué el hombre-lobo no me hizo nada y se fue tranquilo.

C : ¿Tranquilo?

A : Sí, no parecía tener prisa. Claro, que ¿quién se va a meter con un hombre-lobo? Eso sí, al caminar le noté que se iba un poco hacia un lado, como si estuviera mareado.

C : Muchas gracias. Espere aquí y en cuanto acabe con el papeleo podrá irse.

A : Gracias.

C : Y no se vaya muy lejos. Por si tenemos que volver a hablar con usted.

CalleEdit

A : ¿Por qué no me hizo nada?... No lo entiendo... Parecía como si me quisiera ayudar... Pero un hombre-lobo... ¿Ayudarme? Pero si en todas las historias de hombres-lobo se meriendan a todos los que pillan... Y cómo es que a los otros los dejó ir... Lo peor es que ahora no sé como voy a dormir tranquilo...

L : Quizás tenga la solución a eso.

A : ¿¡Tú!?

L : ¿Sorprendido? Después de todo, los lobos son buenos rastreadores. Normalmente suelo ser más discreto y nadie me recuerda, pero contigo tuve que hacer una excepción. La verdad es que suelo oler los problemas antes de que aparezcan, pero había bebido un poco y no veas como me afecta al olfato.

A : Pero tú eres un hombre-lobo. Se supone que no existes.

L : De eso se trata. Pero voy a tener que dejar el fino... con lo que me gusta.

A : Tú no puedes ser real. Debo estar alucinando o algo. Seguro que tengo un tumor en el cerebro y por eso te veo.

L : Ni estás alucinando ni tienes un tumor en el cerebro. Te lo garantizo, no huéles a enfermo. Y sí, soy real. Que los humanos os creáis que no existimos es porque somos muy discretos. Pero no te preocupes, no he venido a cerrarte la boca. De hecho he venido a hablar contigo.

A : ¿A hablar?

L : Sí, hablar. No preferirás que te arranque la cabeza ¿no?

A : No, no, por supuesto. Pero ...

L : ...te resulta extraño.

A : Sí.

L : Tampoco es tan raro. Para un humano con el que puedo explayarme a gusto no voy a desaprovechar la oportunidad. Además, espero convencerte para que no hables más de lo que ya hayas hablado con la policía.

A : Igualmente no me han creído. Un hombre-lobo ¿Quién se lo creería?... Le arrancastes el brazo al tipo aquel.

L : Sí, bueno, ya te digo que tengo que dejar el fino.

A : Pero ahora se convertirá en hombre-lobo ¿no?

L : ¡Qué va! Lo de convertirse en licántropo o en vampiro es cosa de los cuentos de viejas. Pues no es difícil ni nada convertir a un humano...

A : ¿Vampiros?

L : Sí, también existen. Pero tranquilo, no tienen nada que ver con las novelas. Suelen preferir una sangre... menos problemática que la humana. De hecho, que yo recuerde los humanos sois lo último que se echaría a la boca cualquiera de nosotros. Estáis plagados de enfermedades que nos podéis transmitir. Un asco. Donde esté una oveja o una cabra que se quite un humano.

A : Entonces ¿de donde vienen todas las historias de hombres-lobo y de vampiros?

L : Si te da lo mismo deja de decir "hombres-lobo", que para empezar no somos todos machos. Y además, no somos humanos. Bueno, algunos sí lo fueron, pero son una minoría, por suerte.

A : ...

L : No te quedes con esa cara, que tampoco es tan raro lo que te explico. ¿Cuándo has visto una especie que mida más de un palmo y que no tenga reproducción sexual? Por cierto, que es una suerte. Como tuviéramos que depender de convertir humanos en licántropos poco futuro tendríamos.

A : ¿Tan difícil es?

L : Pues más o menos como pillar la lepra, según lo que conozco de la lepra, pero con aún menos contagio. Además, a los humanos os vuelve locos.

A : ¿Entonces es una enfermedad?

L : No, para nada. Es un simbionte. Bueno, uno no, son una colonia. Nosotros les proporcionamos lo que necesitan y a cambio nos protegen. Por eso nos podemos curar tan rápido. Digamos que se comportan como albañiles. Eso sí, lo de las novelas, eso de sobrevivir aunque nos corten en pedazos es una exageración. Podemos aguantar heridas muy grabes, pero tanto no.

A : ¿Y lo de matar humanos? Porque no me dirás que lo que hicístes fue la primera vez.

L : No, que va. Pero últimamente no he matado a muchos humanos. No me ha hecho falta. El último fue hace 53 años. Creyó que podría conmigo y se equivocó.

A : ¿Le matastes por enfrentarse a tí?

L : Le maté por intentar cazarme. ¿Te apetece un café? En ese bar lo hacen muy bueno.

A : ¿Eh? Ah... sí... bueno... gracias.

L : Además, conozco al que lo lleva y somos buenos amigos. Le conozco desde hace trece siglos.

A : ¿También es un hom... un licántropo?

L : No, un vampiro. Pero tranquilo, que no te va a saltar al cuello.

A : Creía que os llevabais mal.

L : Eso acabó hace mil años o más. Ya no nos llevamos mal. Al contrario. Como no nos hemos tenidos que enfrentar por la comida hemos llegado a hacer buenos equipos de caza.

A : ¿Cazáis juntos?

L : Claro. A ver si te vas a creer que siempre han habido granjas para asaltar o supermercados para ir a por un par de pollos.

CafeteríaEdit

V : Mira lo que ha traído el gato. Hacía tiempo que no te veía.

L : Acabo de venir de Escocia.

V : ¿Dándole al whisky?

L : También, ya me conoces. Pero ha sido un asunto de negocios. Por cierto, recuerdos de tu tío Vladimir.

V : Gracias. ¿Qué se cuenta?

L : Pues que se está haciendo de oro con su club. Por cierto, me ha comentado que igual se pasa un día de estos por aquí.

V : Eso sí que estaría bien. Ahora, que si viene no te aviso, que como montemos otra como la de Burgos...

L : Pues no tienes tu memoria ni nada. Mira que acordarte de eso.

A : ¿Qué pasó en Burgos?

V : Perdona, que aquí el amigo no nos ha presentado. Anatoli.

A : Andrés. Mucho gusto.

V : Pues que montamos una pelea de campeonato hará... ¿cuánto debe hacer, Fran? ¿cuatrocientos años?

L : Algo así. Quizás cuatrocientos diez. Esos años estaba demasiado borracho para acordarme de la fecha.

V : Es verdad, que lo tuyo con el vino es grande. Pues aquí el amigo se dedicó a destrozar un local porque no había más vino tinto...

L : ¿Qué quieres que le haga? Me gusta demasiado.

V : ... Y se lio a puñetazos con todo bicho viviente que se le acercara.

L : Eh, tampoco te pases, que a la hija del dueño no le hice nada.

V : Normal, como que cuando te transformastes perdió el conocimiento.

L : Menos mal que apagastes las luces rápido. Si no me añaden plata al menú y me lo meten por la oreja.

A : ¿Lo de la plata es verdad?

V : Sí, no aguantan la plata. Se ponen fatal.

L : Ya, lo mismo que vosotros con los ultravioletas.

A : Entonces lo de las novelas no es del todo inventado.

L : No, una parte lo es, pero no enteras. El problema con la plata es que los simbiontes no la soporta, así que intenta quitársela de encima y nos envenena.

V : Más o menos lo mismo que nos hacen nuestros simbiontes si tomamos demasiados ultravioletas. Por suerte los que no aguantamos son los C.

A : ¿Y qué os hace?

V : Básicamente deja de darnos fuerzas porque tiene que ocuparse de sobrevivir. Por eso solemos vivir más al norte. Hay menos horas de luz. En realidad podríamos vivir de día, pero parecería que llevamos una semana sin dormir. Además, llega un momento en que la colonia comienza a alimentarse de nosotros para sobrevivir.

L : Menos mal que tarda unas horas en pasar eso.

V : Sí, que como fuera como en las películas...

L : ¿Te acuerdas cuando intentó tu primo meterse en las cruzadas?

V : Vaya. Aguantó un día. Si no se llega a escapar por la noche se queda en Turquía.

L : La verdad es que a tu primo siempre le ha pasado algo en la cabeza, eso tienes que reconocerlo.

V : Sí, bueno, muy previsor no es. Menos mal que ahora está tranquilo.

L : ¿Sigue con el trabajo aquel?

V : Sí. Es lo bueno de ser un vampiro. Puedes trabajar de descargador de barcos en Reikjavic sin problemas y de noche. Creo que pocos compañeros suyos aguantan más de una semana.

L : No me extraña, se deben congelar.

A : Entonces ¿los vampiros estáis entre los humanos?

L : Pues claro. Estáis por todas partes ¿Cómo no vamos a mezclarnos?

A : Y tendréis la mayoría puestos altos ¿no?

V : Lo normal. Ten en cuenta que intentamos no meternos a directores. Atrae demasiado la atención un director que no envejece y que sólo trabaja de noche. Pero en las asesorías nos va bien. Después de todo, tenemos siglos de experiencia.

A : ¿Y vosotros? ¿También estáis entre los humanos?

L : También. Por lo mismo que te ha dicho Anatoli. Eso sí, nosotros preferimos otros puestos menos... estirados.

V : Habló el señor modesto en persona.

L : Vale, sí. Me refiero a que son puestos más cercanos al trabajo físico. Hay muchos mercenarios y muchos rastreadores. También hay unos cuantos policías y guardias de seguridad. Pero normalmente terminamos subiendo en el escalafón. Claro, que cuando llevamos unos quince o veinte años tenemos que renunciar y buscar otro trabajo.

V : Tendríais que hacer como nosotros.

L : Lo sé, pero no consigo convencer a suficientes licántropos para montar una agencia de seguridad. Y con los papeleos que piden para abrirla es un poco complicado tirar para adelante con la empresa.

V : Si quieres hablo con un conocido mío y miramos si se puede hacer algo con los papeleos.

L : Buena idea. Míralo y ya me dices algo cuando sepas algo.

A : Perdonad, pero... es que me cuesta un poco ver a un licántropo y a un vampiro hablar de montar una empresa.

L : Ey, lo dices como si nosotros no pudiéramos ganarnos la vida así.

A : No, es que me parece...

V : Raro, sí. Pero que no comamos lo mismo que vosotros no significa que nos regalen las cosas. También tenemos que pagar la ropa, la casa, la electricidad y todo lo demás.

L : Además, ya llevamos unas cuantas empresas. Pero con los cambios de legislación y los problemas con los registros, terminamos cerrando el chiringuito y abriendo otro.

A : Dándoos esos problemas ¿No estáis metidos en política?

V : Claro. Sobretodo ellos. En el Congreso y en los ayuntamientos suele haber licántropos, pero no pueden hacer leyes para favorecernos. Sería demasiado descarado. Además siempre estáis en mayoría. Os reproducís como conejos.

A : Tan rápido no nos reproducimos.

L : ¡Que no, dice! Ojalá nuestras mujeres estuvieran en celo todo el año como las vuestras.

V : Tú siempre tan fino. "En celo"...

L : Ya me entendéis. Bueno, la cosa es que nuestras mujeres sólo tienen ganas un par de semanas cada década. Y si tienen un crío se les van las ganas hasta que dejan de dar de mamar.

V : Sí, una cuestión de hormonas. Pero tampoco te puedes quejar. Desde que te conozco siempre te he visto ligando con humanas.

L : Vale, sí, pero sabes que no es lo mismo.

V : Ahí te doy toda la razón. No hay ni punto de comparación.

A : ¿Tan diferente es?

L : Las de nuestras especies son muy fogosas. Pero mucho.

V : Vamos, que te pilla una vampira y cuando acaba contigo te tenemos que llevar a la U.V.I.

A : ¿Que me tendrían que hacer una transfusión?

L : No, que te tendrían que reconstruir la entrepierna entera. Imagina a una humana que concentrara todas las ganas que pudiera tener en diez años en una quincena.

V : Ten en cuenta que sólo tienen ganas durante esos quince días de la década y tienen que conseguir un padre para su hijo en ese tiempo.

L : De ahí viene más de una leyenda. Que algunas agarraban a un humano y cuando lo encontraban los del pueblo se creían que le habían sacado la vida.

A : ¿Lo íncubos?

L : Eso mismo.

V : ¿Recuerdas la que conocimos en Módena?

L : Pues claro, como para olvidarla. Casi me tuve que liar a guantazos con ella para que me soltara. ¡Qué energías!

V : Anda que si os liáis a guantazos hubieras salido guapo tú también. Cuando se le pasó la vi soltarle un guantazo a un pesado que quería enrollarse con ella y el pobre tío pasó por encima de un par de mesas sin tocarlas.

A : Hay una cosa que no termino de entender. Si normalmente sois discretos...

V : ...Menos cuando este se mete la cosecha del año.

L : Que te den.

A : Digo, que si sois tan discretos ¿cómo es que hay tantas historias sobre vampiros y licántropos?

V : Porque no son sobre nadie de nuestras especies

A : ¿Perdón?

L : Claro, te lo dije antes. A los humanos os sienta muy mal convivir con nuestros simbiontes. Os vuelve locos.

V : Más que volveros locos lo que pasa es que los simbiontes toman el control y se dedican a lo suyo, a conseguir alimento. Como no tienen a nadie que se lo impida, comienzan a destrozar todo lo que encuentran para conseguir sangre.

L : Y es entonces cuando tenemos que encargarnos del problema. Todavía no he encontrado a ningún humano que haya sido capaz de matar a un descontrolado. Imagina a alguien con nuestra fuerza y velocidad y loco de atar contra un humano normal. ¿Por quién apostarías?

A : Está claro.

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